Viernes, Marzo 13, 2026
CARTAPACIO | BENEFICIOSAS CONVICCIONES

Por: Lic. Raúl Ruiz

Periodista y Analista Político

La reforma electoral de Claudia Sheinbaum fue rechazada en la Cámara de Diputados: en el pleno no alcanzó la mayoría calificada necesaria.

De alguna manera ya estaba anunciada esa derrota.

Yo no sé si en realidad la presidenta tenía la intención de sentar el precedente de quitar los plurinominales, el fuero, y el nepotismo, o si sólo elaboró una colorida piñata para que la agarraran a palos en el Congreso.

Incluso, el anuncio de un escuálido plan B, que quizás a mordiditas, les recorte privilegios a diputados y regidores, en un alarde de falsa austeridad.

La iniciativa no alcanzó la mayoría calificada de dos tercios requerida para reformas constitucionales.

 Y en apariencia, Morena quedó aislado sin el respaldo de sus aliados tradicionales (PT y PVEM).

Detalle que se me hace muy curioso, porque durante una semana completa, la presidenta con A, se la pasó lavándose las manos como Poncio, con el objetivo de darle a conocer al mundo que en México hay democracia.

Antes de darles a conocer mi opinión les diré en qué consiste el “Plan B”.

Tras el rechazo, la presidenta Sheinbaum activó un paquete alternativo que no requiere reforma constitucional, sino cambios legales y administrativos.

 Sus principales ejes son: 

  1. Austeridad y recorte de privilegios.

- Congresos locales y municipios: establecer un tope máximo de presupuesto y reducir gastos excesivos.

- Legisladores, regidores y consejeros: disminución de viáticos, sueldos y privilegios.

- Se proyectan ahorros de hasta 4,000 millones de pesos. 

  1. Fortalecimiento de la participación ciudadana.

- Consulta Popular: darle mayor peso y frecuencia como mecanismo de decisión.

- Revocación de mandato: propuesta para que se realice en el tercer o cuarto año de gobierno, en lugar de al final del sexenio. 

  1. Cambios administrativos al INE.

- Reducción de estructura y financiamiento del Instituto Nacional Electoral.

- Eliminación del PREP (Programa de Resultados Electorales Preliminares) y adelanto de cómputos distritales al domingo de la elección.

Para esto, no necesita mayoría calificada; y luego de un rato de propaganda interna para mostrarle al orbe que aquí no hay dictadura sino democracia, se irá cobrando la afrenta de manera silenciosa. Eso pienso.

En esencia, Sheinbaum lo presenta como continuidad de la política de austeridad y como una forma de exhibir a quienes se opusieron a la reforma.

"Ya habíamos quedado", dijo la presidenta con A.

"Pero cada diputado votará según su convicción".  Fue la salida para que no se sintieran culpables si votaban en contra.

Hoy la "convicción" es conveniencia.

Ya muchas palabras no significan lo mismo que antes.

Veamos

PALABRAS MUERTAS

Hay un arsenal de palabras que alguna vez fueron símbolos vivos y hoy se han convertido en cáscaras retóricas, repetidas hasta el desgaste.

Se los digo yo, que trabajo todos los días con las letras.

Palabras desinfladas por el poder.

- Democracia.

De ser un grito emancipador, pasó a ser un comodín en discursos huecos, usada tanto por tiranos como por reformistas.

Revolución.

Antes evocaba ruptura y riesgo; hoy se aplica a detergentes, apps y campañas publicitarias.

Pueblo.

Se invoca como talismán, pero rara vez se escucha en su pluralidad real. 

Palabras domesticadas por el mercado.

Esperanza.

Transformada en slogan electoral, más que en fuerza vital.

Solidaridad.

Convertida en hashtag, diluida en gestos superficiales.

Inclusión.

Usada como etiqueta corporativa, sin tocar estructuras de exclusión. 

Palabras ritualizadas por la política.

Soberanía.

Invocada en tribunas, pero negociada en tratados y contratos.

Unidad.

Repetida en ceremonias, aunque la práctica sea fragmentación.

Cambio.

Palabra fetiche de campañas, que se desgasta en cada sexenio. 

Lo interesante es que estas palabras no mueren: se convierten en fantasmas semánticos, flotan como símbolos vacíos que aún pueden ser reactivados con ironía, sátira o ritual.

Este viraje de los aliados convierte la escena en una tragicomedia: Morena, que esperaba un coro de aplausos, terminó con un silencio incómodo y un “Plan B” que suena más a plan de contención que a reforma histórica.

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